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Fernando Henrique Cardoso: «Los argentinos deben tenerse miedo a ustedes mismos»

«Tomando lo que le decía Bill Clinton sobre la manera de comprender a los países, ¿a qué debemos temer en la Argentina?», preguntó el periodista Carlos Pagni. «A ustedes mismos», contestó Fernando Henrique Cardoso.

La palabra del ex presidente de Brasil, quien durante el gobierno de Itamar Franco fue ministro de Economía primero y canciller después, era especialmente esperada en los festejos por los 30 años de Poder Ciudadano, una verdadera fiesta de la sociedad civil que colmó el salón más grande de un hotel de la zona de Retiro para compartir la experiencia de haber cruzado la Argentina en sus más desafiantes etapas.

La sabiduría del sociólogo que en la década del 60 formuló la teoría de la dependencia y hoy, a los 88 años, asegura que «izquierda y derecha ya no son paradigmas que sirven para comprender el presente«, su experiencia como hombre de estado y el hecho de que después de tantos años del poder nunca tuvo una denuncia de corrupción, es un ejemplo notable para la región.

A lo largo de casi una hora, Cardoso se explayó sobre distintos temas que se encuentran al tope de la agenda nacional e internacional: los efectos prácticos que su conocida frase «gobernar es explicar» tuvo en el «plan real», que le puso freno a la hiperinflación que atravesaba el país a principios de la década del ’90; la diferencia entre el liderazgo que se requiere de un político, en contraste con la de un empresario o un académico; y el hartazgo de la sociedad brasileña con la corrupción y su rol en la llegada del populismo, entre otros.

Con especial atención lo escuchó el presidente de la Corte Suprema, Carlos Rosenkrantz, y el presidente de la Cámara Nacional Electoral, Carlos Dallavía. También la vicepresidenta Gabriela Michetti y el canciller Jorge Faurie, el gobernador de Jujuy Gerardo Morales y el presidente de interbloque de Cambiemos Mario Negri. También una de las fundadoras de la entidad, Marta Oyhanarte, y uno de los abogados que más esfuerzo le puso a la organización, Gabriel Bouzat.

Como ministro de Finanzas, Cardoso implementó el «Plan Real» para terminar con la hiperinflación que atravesaba el país. El ex mandatario remarcó que el aspecto sociológico del plan -generar confianza en la población- fue tanto o más importante que el económico.

Para ilustrarlo, contó una anécdota de los entretelones de su implementación: «Los economistas con los que trabajaba eran brillantes, tanto que iban al pizarrón y empezaban a escribir las ecuaciones. Yo estudié un poco de matemática, pero no entendía las fórmulas y les decía que pararan porque yo tenía que explicarle el plan a las personas», comenzó.

Y continuó: «Una vez fui a hablar con alguien que era locutor de televisión. Me pidió que le explicara una cuestión que nosotros inventamos, que era la Unidad Real de Valor. Para no vincular nuestra moneda con el dólar, inventamos otra para que la gente se diera cuenta que una moneda (el cruceiro real, predecesor del real) podía devaluar y la otra preservarse. Él me repitió que no entendía nada. Pero llegamos al estudio y explicó todo mucho mejor de lo que yo era capaz. Por eso me parece muy importante explicar a la gente qué se va a hacer, por qué y hacerlo. Eso gana el apoyo de las personas».

El ex mandatario también describió el liderazgo que se requiere para navegar el mundo político, en comparación con el empresarial, o el académico. Y cómo aquellos que recalan en el primero pueden fallar si no comprenden la necesidad de adaptarse.

«Yo viví la mayor parte de mi vida en Brasil en una universidad. Cuando entré a la vida política, tenía una dificultad. En Brasil, al menos, el político tiene que entregarse al pueblo. Ellos te tocan, te sacan pedazos de tu ropa para llevarse de recuerdo, y yo no estaba acostumbrado a eso. Requiere una relación emocional y eso para un intelectual no es fácil, porque la emoción es reprimida ante la razón», recordó Cardoso, quien antes de entrar en política fue profesor en distintas universidades.

En tanto, respecto de la diferencia entre dirigir una empresa y tener un rol de jerarquía en el sector público, expresó: «El dueño de una empresa cree que es dueño. Que da una orden y los otros la van a cumplir. En la vida política no es así. El líder que cree que porque dijo algo los otros lo van a seguir está loco».

En las distintas mesas, mientras se degustaban vinos y espumantes mendocinos, el inapelable resultado electoral se llevaba las conversaciones. Era el tema sobre el que hablaba el secretario general de la gobernación bonaerense, Fabián Perechodnik, el politólogo Luis Tonelli, el diputado Daniel Arroyo, el consultor de opinión pública Jorge Giacobbe, el presidente del Banco Provincia Juan Curutchet, el senador provincial Sebastián Galmarini y el periodista Jorge Sigal.

Lo reconoció el propio Pablo Secchi, director ejecutivo de Poder Ciudadano. «Habíamos quedado que íbamos a hacer este festejo cuando las cosas estuvieran tranquilas en la Argentina, después de las PASO, y aquí estamos«, dijo para abrir su discurso, provocando la risa desde las mesas. Al finalizar, cuando dijo que «la sociedad civil estuvo presente, está presente, y seguiremos estando presente», fue aplaudido fervorosamente.

Antes había hablado el presidente de la organización, Hugo Wortman Yofre, quien hizo un emotivo repaso de la historia, desde cuando empezaron a cuestionar las jubilaciones de privilegio y a pedir las declaraciones juradas de los funcionarios, y «se preguntaban a qué intereses oscuros respondíamos». «Ahora parece normal que se informe la publicidad que el Estado distribuye en los medios de comunicación, pero hace unos años era considerado disruptivo«, agregó.

El camino de la transparencia es largo e interminable. Quizás, como dijo la ex titular de PC y actualmente presidenta de Transparency International, Delia Ferreira Rubio, se trate de terminar con «el relato de la lucha contra la corrupción y tomar finalmente la agenda de la transparencia, hacerse cargo de ella, para terminar con la corrupción«.

Al respecto de la corrupción también se pronunció Cardoso, al indicar que se encuentra presente a nivel «sistémico» en Brasil, y analizar el rol que tuvo en la llegada de Jair Bolsonaro a la presidencia.

«Eso generó una situación de desmoralización muy amplia en la sociedad, porque alcanzó a muchos partidos. La sensación de la población, entonces, es que todos son así. Y de ahí salió la retórica de la última campaña en contra del PT. Hubo muchas críticas por parte de Bolsonaro -quien ahora está recibiendo acusaciones de nepotismo- y mucho apoyo a eso. Y eso no tiene que ver particularmente con la elección de Bolsonaro, sino que hubo una reacción de la sociedad en contra de eso«.

En esa línea, indicó que los líderes populistas suelen valerse de internet para llegar a la población y que un factor de su éxito yace en su habilidad de generar «sucesos emotivos» en estas plataformas. «No sé que va a ser del futuro de nuestra sociedad. Porque se transmiten más impulsos que razonamientos y para gobernar se requiere más tiempo», explicó.

Cardoso también marcó un contraste con lo que llamó el populismo «clásico» y el «actual»: «El clásico era un populismo que incluía personas. (Getulio) Vargas era un señor de estancia, pero de alguna manera en su gobierno hubo incorporación de segmentos obreros y sindicales a la vida política«.

«El pasado en América Latina era personalista y no creía en partidos, pero era integrador. Desde ese punto de vista era negativo. El actual es doblemente negativo porque tampoco cree en las instituciones, pero tampoco aceptan que nuevas personas entren al juego«, concluyó.

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