Gonzalo Suárez sujeta el Goya de Honor que recibió en 2026
Gonzalo Suárez sujeta el Goya de Honor que recibió en 2026. (Europa Press)

Apenas medio año antes de su muerte, Gonzalo Suárez fue recibido entre vítores y aplausos en el Auditorio Fórum del Centro de Convenciones Internacionales de Barcelona para recoger el Goya de Honor. Fue, de este modo, en la ciudad condal donde el reconocido escritor, periodista deportivo, guionista y director de cine nacido en Oviedo en 1934 recogió el premio; la misma a la que llegó a finales de la década de los 50 tras varios años de exilio en París y donde escribió sus primeros libros.

Comenzó despuntando en las letras con su periodismo deportivo y de investigación (firmado bajo el seudónimo Martin Girard) y sus relatos vanguardistas. Entre su prolífica obra, destacan De Profundis (1959), El caso de las cabezas cortadas (1965), que él mismo adaptaría a la gran pantalla, o El asesino triste (1994), premiada en la VIII Bienal de Narrativa Elena Poniatowska.

Su llegada al cine a finales de los años sesenta supuso una sacudida para la cinematografía de la época, marcada sobre todo por el realismo. Largometrajes como Ditirambo (1969) o la insólita Aoom (1970) iniciaron una larga trayectoria convertida en una referencia imprescindible para el séptimo arte de nuestro país: sobre todo Remando al viento (1987), con la que obtuvo la Concha de Plata al mejor director en el Festival de San Sebastián y seis Premios Goya, sin olvidarnos de Epílogo (1984), que triunfó en la Quincena de Realizadores del Festival de Cine de Cannes.

Gonzalo Suárez recibirá en Barcelona un Goya de Honor por su gran trayectoria.

La conexión entre cine y literatura acompañó a Gonzalo Suárez hasta su fallecimiento a los 92 años. Durante más de seis décadas, combinó el arte de hacer películas con el de escribir obras de todos los géneros. El propio Julio Cortázar se mostró sorprendido ante esta ambivalencia. “¿Escritor que hace cine, cineasta que regresa a la literatura? De cuando en cuando hay mariposas que se niegan a dejarse clavar en el cartón de las bibliografías y los catálogos, de cuando en cuando, también, hay lectores o espectadores que siguen prefiriendo las mariposas vivas a las que duermen su triste sueño en las cajas de cristal”.

Así lo describía el autor de Rayuela, uno de tantos intelectuales de la época que veían a Suárez como una figura clave en el panorama de la cultura española contemporánea. Aunque quizá este no llegó a saber nunca que, mucho antes de dedicarse al mundo del arte, se dedicó al fútbol, ejerciendo como ojeador de futbolistas para Helenio Herrera, mítico entrenador de equipos como el Atlético de Madrid y el Fútbol Club Barcelona, además de su padrastro. También era aficionado al boxeo, aunque nunca se ganó la vida como púgil.

Fuera cual fuera la disciplina, parece que lo que siempre quiso Gonzalo Suárez fue “soñar despierto”; invitar y ayudar a los demás a que también lo hicieran con él. Así lo confesó él mismo en el Auditorio Fórum de Barcelona, ya sosteniendo el Goya: “Dios nos premia con los sueños y nos castiga con la realidad”. El cine fue, para él, el último reducto donde poder hacerlo.





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