Un leopardo de pelaje moteado apoya la cabeza en la rama de un árbol y mira hacia adelante
La UICN estima que 1 de cada 4 especies de mamíferos conocidas podría extinguirse antes de que termine este siglo (Magnific)

Una investigación internacional revela que los patrones de extinción del pasado no siempre predicen cuáles mamíferos están en riesgo hoy. En los últimos siglos, diversas especies desaparecieron a una tasa al menos 100 veces mayor que antes de la llegada de los humanos y, de las aproximadamente 6.000 conocidas, una de cada cuatro podría extinguirse antes de que termine este siglo, de acuerdo con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Un equipo internacional de investigadores publicó un estudio en la revista Science Advances con el objetivo de responder una pregunta central: ¿qué tan bien predicen las tendencias históricas de extinción la vulnerabilidad actual de los distintos grupos de animales?

El trabajo, difundido por Phys.org, fue liderado por científicos de la Universidad Noruega de Ciencias de la Vida y la Universidad de Wageningen e Investigación, en colaboración con la Universidad Estatal de Michigan (MSU), entre otras instituciones.

Un elefante gris con colmillos pequeños avanza hacia la izquierda en un campo de hierba verde con árboles al fondo
Una investigación internacional publicada en Science Advances revela que los patrones históricos de extinción no siempre predicen qué mamíferos están en riesgo en la actualidad (Magnific)

El análisis se basó en registros fósiles, datos de distribución e imágenes de vida silvestre captadas por cámaras automáticas, y abarcó un período de 130.000 años, antes y después de que los seres humanos modernos se extendieran.

El estudio examinó 210 especies de mamíferos de bosques tropicales en 64 sitios distribuidos entre África, Asia y América, desde zarigüeyas hasta elefantes. Del total analizado, 199 siguen presentes en sus hábitats, mientras que 11 han desaparecido por completo.

Entre las desaparecidas, hay pangolines gigantes de hasta 2,7 metros, felinos con dientes de sable de 500 kilos y mastodontes. Otras, como elefantes asiáticos y leopardos de África, desaparecieron de algunas regiones.

A lo largo de los últimos 130.000 años, los más vulnerables compartían rasgos: cuerpos grandes, cerebros pequeños, dieta carnívora y tasas de reproducción lentas. Estos patrones que se mantuvieron tanto a nivel local, regional y global.

Lydia Beaudrot, profesora de la Universidad Estatal de Michigan y una de las autoras principales de la investigación, reconoció que los resultados no fueron del todo sorprendentes, ya que las características similares habían sido vinculadas al riesgo de extinción en investigaciones previas.

Una zarigüeya de pelaje gris, rostro blanco, orejas negras y nariz rosada sobre un suelo de tierra y hierba
La tasa de extinción de animales en los últimos siglos fue al menos 100 veces mayor que antes de la llegada de los humanos (Magnific)

El panorama cambió cuando los investigadores compararon esas tendencias históricas con datos recientes de cámaras en áreas protegidas. Los registros actuales mostraron que varios factores antes asociados a vulnerabilidad ahora parecen vincularse a resistencia.

Por ejemplo, el tener un cerebro grande fue una ventaja durante los últimos 130.000 años, pero algunos estudios recientes sugieren que puede representar una desventaja entre los animales actuales.

En sentido inverso, el tamaño corporal grande y la reproducción lenta —rasgos que históricamente elevaban el riesgo de extinción— aparecen vinculados a la resiliencia en el presente.

Los autores plantean una posible explicación: los mamíferos más grandes con generaciones más largas tienden a prosperar en las áreas protegidas donde tienen menor exposición a la caza humana.

Un rinoceronte blanco inclinado comiendo hierba con un pájaro negro en su lomo y vegetación tupida al fondo
El estudio analizó 210 especies de mamíferos de bosques tropicales en 64 sitios de África, Asia y América durante un período de 130.000 años (Magnific)

Más allá de los motivos que expliquen esa brecha, Beaudrot dijo: “Los rasgos asociados con la supervivencia son diferentes”. Uno de los puntos más urgentes que motivó la investigación es el vacío de información que existe.

De los ejemplares evaluados por la UICN, cerca de 770 —casi el 15%— están clasificados “con datos insuficientes”, por lo que no hay información suficiente sobre sus poblaciones o distribución geográfica para determinar si requieren protección.

Ante ese vacío, recurrir a tendencias históricas de gran escala parece una solución lógica, pero el estudio advierte que esa herramienta tiene límites.

El equipo de investigadores espera que sus resultados ayuden a identificar con mayor precisión qué mamíferos están en riesgo y a orientar los esfuerzos de conservación hacia donde más se necesitan.

“No podemos asumir que los patrones a gran escala se apliquen a escalas menores. Tenemos que tener en cuenta la dimensión temporal”, advirtió Beaudrot.





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